PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).

ERNESTO RIVERA (DUKE) / [email protected]

El viaje (5)

De todas maneras, con o sin nosotros la gente no iba a dejar de ir a la playa, y así les debíamos la oportunidad de aún en medio del asueto, tener unos momentos de reflexión sobre los misterios de la fecha.
El Cortecito era, además, mi sitio de relax. Allí iba a escribir, a pintar y a inspirarme en la naturaleza, porque fuera de estos días, la privacidad y la tranquilidad eran casi absolutas. Todo aquello se perdió cuando se nos echó encima el turismo con sus hoteles, restaurantes, turistas y ya no había razón para mantener aquello. Darle mantenimiento resultaba más antieconómico que un day pass en cualquier hotel de la zona, que hoy son muchísimos y los hay con muy buenos servicios.
Y a propósito de su poema a la Playa de El Cortecito, ahora recuerdo la noche en que se me reveló poeta, faceta que yo todavía no conocía de él.
Sucede que como de costumbre estábamos paseando por el malecón frente al Vesuvio esperando las 9:00 de la noche, hora en que teníamos que estar por obligación en nuestras habitaciones y empezar el estudio.
La luna comenzaba a levantarse y él comentó: qué bonita está la noche. No sé por qué se me ocurrió decir: a mí no me gusta la noche, y no me imagino todavía por qué hice ese comentario.
El me preguntó: ¿por qué no te gusta la noche?, y le contesté: porque parece un día vestido de luto.
No dijo una palabra más y nos fuimos en silencio al colegio. Yo comencé a estudiar, aunque me sentía un poco mal con aquel silencio que no me parecía del todo normal, y él se sentó a escribir.
Al terminar me extendió el papel con lo que había escrito, titulado: Los versos de mi amigo.