PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).

Ernesto Rivera (Duke) / [email protected]

Los chivos (1)

En todas las épocas los muchachos han hecho trampa y chivos para los exámenes.
Yo era un artista fabricándolos; tenía una letra pequeñita y clara, y podía vaciar un libro en un pedacito de papel.
Tenía un examen de trigonometría y aunque éramos muy buenos estudiantes, a los de mi grupo esta materia no nos gustaba mucho a ninguno, y la estudiábamos sólo porque la profesora era Mima Payán, una de nuestras maestras preferidas.
Había un bendito teorema, que si mal no recuerdo decía: Sólo existen cinco ángulos poliedros convexos regulares. No recuerdo si decía algo más. Como si fuera poco, el maldito teorema tenía tres demostraciones.
Y qué problema. No sé por qué nos cogió con que un teorema tan difícil no nos lo iban a poner en el examen.
Mirtha, que a veces tenía sus rarezas, dijo en un momento el repaso: pongan atención, cuando yo abra esta libreta, el teorema que esté en la página que se abra ese va a salir mañana en el examen.
Ligia Amada Melo y yo le dijimos: Mira muchacha, déjate de estar loqueando. Pero abrió la libreta al azar, y ahí estaba el teorema.
Ligia Amada, mandona como hasta el día de hoy, se impuso y yo me negué rotundamente a fabricar el chivo; pero Mirtha puso cara de lechuza y dijo: allá ustedes, yo sí lo voy a llevar.
Al comenzar el examen al otro día, allí estaba el dicho teorema, y con una evaluación de 20 puntos nada menos. Ella nos miró y casi en voz alta dijo: Ahora si se jodió la vaina, de qué manera le voy a pasar este becerro a todo el curso.
Hizo su trabajo y le clavaba los ojos al jurado casi con desesperación. La profesora se paseaba observando el desarrollo del examen.
En una de las vueltas de la profesora, la muy atrevida Mirtha la llamó como su fuera a preguntarle algo y le dijo: si usted no nos ayuda, nos jodimos todos, y le pidió que pasara el chivo hacia delante. La profesora le dijo, pero mira muchacha tú te estás volviendo loca y se negó varias veces, pero a la tercera vuelta le dijo: dámelo, y me lo pasó.