PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Macho Cedeño
Macho Cedeño

Ernesto Rivera (DUKE) / [email protected]

En el recuerdo (3)

Como un dato curioso, media hora antes de la salida iban estos choferes despertando uno por uno a sus pasajeros; media hora después pasaban a recogerlos y, a veces, cuando era mucha la demanda, se vendían unos a otros los pasajeros.

Cabe decir que estos dueños de vehículos eran verdaderos caballeros, respetuosos, educados y serviciales.

Hoy que nos ha caído arriba toda esta plaga de los motoconchos, transporte urbano, taxistas, autobuses, los expresos y hasta la fiebre del metro (que no critico ni digo que haya sido una mala inversión), pero que tanta intranquilidad trajo a mucha gente preocupada por la economía y que fue plato fuerte del que se sirvió la oposición al gobierno. Cómo olvidar aquellos tiempos. Cómo no añorar esos días ya lejanos de tranquilidad, despreocupación y sosiego. Y con nostalgia me pregunto: “dónde está el Higüey religioso y tranquilo, el que nunca había oído hablar de drogas, el que bailaba danzones, boletos y merengue, y no soñó nunca que tendría que oír un perreo, un merengue de calle o un reggaetón, el que no sabía de suizanas, de tumbes ni de dominican yorks?

¿Dónde está el Higüey que no conocía de atracos, asaltos, asesinatos, robo a mano armada? y lo peor, esto en complicidad con gente que se supone está para velar por la seguridad de la ciudadanía.

El Higüey que no temía a los delincuentes escondidos en cualquier rincón o al motorista listo para arrancar una cartera, un celular o hasta la vida de cualquier transeúnte. El que no se imaginó a uniformados cobrándoles peajes a los delincuentes y ayudándoles a cometer sus fechorías.

El Higüey que trataba el haitiano y a cualquier extranjero como a un hermano, al que tan caritativamente acogía, alimentaba y no veía en él a un atracador, a un asesino o a un violador.

El Higüey que confiaba en la Policía, en el militar y en la Justicia. El que nos enseñaron a amar nuestros y que soñamos con legar a nuestros hijos.