PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).
Ernesto Rivera (DUKE).

Ernesto Rivera (DUKE) / [email protected]

Su versión de la leyenda

Dicen que era una niña. Que sus ojos revelaban la pureza de su alma y que por ella la Reina de los Cielos vino y moró en la tierra.

Quizás era sincero, pero a mí se me ocurre imaginarla de este modo: Era joven, su mirada también era clara. Y en su frente, límpida aún; no marcada por las huellas que a su paso deja un vivir intenso se vislumbraban pensamientos grandes. Tal vez por ella. Quizás por él. No importa. Lo cierto es que la Virgen nos miró desde el cielo y aquí plantó su trono.

En ese paraíso del Caribe, donde la brisa es suave y el trino de las aves es un canto a la vida. Aquí se sintió criolla. Su mirada de cielo tornó por la negrura de la noche y el brillo del lucero. Y su tez de alabastro tomó el tinte moreno de los nuestros.

Y desde su santuario de Higüey, jardín acariciado por primeros rayos del sol de nuestra tierra, aquí está derramando consuelo a los que sufren, sanando a los enfermos, marcando nuestra ruta por la vida.

Porque es así la Virgen. Puente entre el hombre y Dios. Instrumento de paz.

Por eso que no halle en ti lugar la desesperación. Vuelve los ojos hacia el sol naciente, que allí donde el naranjo esparciera el perfume de sus flores hay una Virgen que te brinda el fruto de su amor y su misericordia.

Yo que he visto a Quisqueya en un peregrinaje interminable llegar hasta sus plantas y allí dejar sus penas.

Bien podría contarte muchas cosas. Pero escucha, voy a decirte algo que en mí he experimentado: Si es que te siente solo, incomprendido. Si nada te consuela, vuelve los ojos a ella. Ten la seguridad que te comprende. Ella es la Madre Buena. Por ti bajó a la tierra. Y es como tú, criolla y bien morena.

Y a los pies de esta Madre Virgen de La Altagracia vino al mundo este autor nacido el siete de julio.

No hay que esforzarse mucho para saber que era un día claro y brillante porque era pleno verano. El cielo debió ser azul y sin nubes lo que se adivina por su temperamento telúrico, amante de lo azul, lo limpio y transparente. Alegre cuando el sol resplandece con sus rayos ardientes. No tanto cuando el cielo está nublado o lluvioso.