PINCELADAS / El árbol que no daba frutos

Ernesto Rivera (DUKE).

Ernesto Rivera (Duke) / redaccion@editorabavaro.com

Prillé (1)

Una tarde venía con mi compadre Osvaldo a dar una vuelta por el batey de Palo Bonito. De regreso, un grupo de gente de nacionalidad haitiana caminaba hacia delante y hacia atrás, y sacaba una carrerita cantando con un féretro y con sonidos estridentes y alaridos cantaban: “El muerto va, mientras corrían hacia delante; el muerto no va, cuando se devolvían”.
Así enterraban a sus muertos, y de la casa al cementerio si no quedaba muy cerca imagínese que tomaban hasta tres días.
Admirado porque nunca había visto nada igual, le pregunto a mi compadre y me dice que es una costumbre de gente que practica el vudú como religión.
En seguida me dice que la Semana Santa está cerca para que conozca otro rito que ellos practican en varias festividades del año, y muy especialmente en esa fecha: El Prillé.
Llega la Semana Santa. Es por cierto Lunes Santo y yo estoy como de costumbre laborando en mi consultorio. A eso de la media mañana llega una morena muy bien formada, con muchas prendas y afeites, mirada y movimientos felinos y caso en secreto me dice que quiere practicarse un aborto.
Le explico la inmoralidad, el crimen y el peligro de practicarse un aborto. La aconsejo y trato de disuadirla, pero todo en vano. Me dijo que de todas maneras iba a hacerlo y se despidió. Claro que encontró quien lo hiciera.
Al otro día, el Martes Santo, me avisa mi compadre que en la noche vamos a ir a Palo Bonito que allí iba a haber un prillé y allá fuimos.
Al llegar comencé a mirar todo con mucha curiosidad: una habitación a modo de capilla y en ella un altar con muchas imágenes raras y muñecos de aspectos grotescos, alimentos, granos secos, sobre todo, arroz, maíz y maní. Velas rojas y negras, y una gran culebra que parecía dormitar en medio del altar.

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