PINCELADAS / El árbol que no daba frutos

Ernesto Rivera (DUKE).

Ernesto Rivera (Duke) / [email protected]

El gavillero (3)

Los hijos del señor asesinado se propusieron vengar la muerte de su padre y se convirtieron en la sombra del facineroso y en informadores de los militares norteamericanos que estrecharon el cerco hasta prácticamente pisarle los talones.
Estando éste una noche acostado con una mujer los soldados lo tenían ya ubicado. Al sentirse rodeado de pronto quiso escapar por una ventana de la casa. Pero los pantaloncillos se le enredaron en los pies y nuestro soldado de casi siete pies y negro como el petróleo le metió la bala entre ceja y ceja.
Verse libre de aquella bestia fue fiesta para los habitantes de Nisibón. Para transportar el cadáver al pueblo, dicen que los hijos del señor que él había asesinado, con todo gusto prepararon una especie de rasta con varas del monte y la ataron a una yunta de bueyes y en ella aseguraron el cadáver.
Y cuentan que la cabeza del muerto venía rozando con las piedras del camino, de modo que llegó muy poco de la cabeza al pueblo. No era una bonita escena, pero así vieron aquellos hijos vengada la muerte de su padre.
Personajes así fueron los que dieron motivo a que los invasores norteamericanos trataran a tantos verdaderos patriotas que sí dieron muestras de amor y sacrificios por defender su nación como gavilleros y facinerosos.
Gracias a Dios aún entre los descendientes de estos individuos de tan malas acciones, hay muchos que son dechados de virtudes ciudadanas.