Madre aún no asimila que su hijo menor haya asesinado a su hermano mayor

Verón. Los días de Rosa Arelis Guerrero se han convertido en una pesadilla en la que no necesita estar durmiendo para vivirla, luego de que el pasado lunes 7 de agosto su hijo de 16 años se convirtió en un verdugo de su propio hermano, de 20 años, tras propinarle una estocada mortal en medio de una discusión familiar.

Esta mujer de 39 años, piensa que su vástago, Geralfi Guerrero, todavía sigue vivo y ronda por el sector, pero cuando reacciona y vuelve a la realidad, se da cuenta de que no volverá a escuchar más nunca su voz. También, se le hace difícil asimilar que el verdugo de Geralfi es un hermanito, a quien ahora tiene que ir a visitar a la cárcel de Higüey.

Desde su humilde vivienda en el sector Villa Esperanza, en Verón, Rosa Arelis narra que ese trágico día sus hijos empezaron a discutir por una peluca que involucró a su hermanita menor, de 15 años, pero que no imaginó que esa discusión sería el detonante de una tragedia que marcó una familia y mantiene aún consternada a toda una comunidad.

“Yo estaba cocinando y le vociferé que dejen el pleito”, expresa doña Rosa mientras permanece recostada en su cama. La discusión entre her manos se produjo cuando su hijo menor le reclamó al mayor que no le pegara a su hermanita, por lo que este le pegó una piedra en la cabeza.

Eso motivó al adolescente de 16 años a buscar un cuchillo, que según él era sólo para asustarlo. Pero no fue así, porque cuando Geralfi se volteó la estocada mortal asestó en su costado derecho. Esa acción mandó a su hermano menor a la cárcel, donde ahora dice que está arrepentido.

Allí, según expresa su madre, no quiere hablar con nadie y permanece solitario, por lo que su progenitora pide a las autoridades que lo pongan en terapia. El fallecido había sido cancelado días antes en la empresa donde laboraba, y el viernes anterior a la tragedia había empezado a laborar en una ebanistería en Punta Cana.

“Me duele mucho. No quería ver uno muerto y el otro preso, pero las cosas suceden. Dios es quien permite todo (…). “Ellos vivían juntos en la casa. Se llevaban bien. A veces discutían”, así describe esta dama la relación de sus hijos.

Ahora la madre, quien está desempleada, se aferra con más fuerza en su fe cristiana, la cual profesa desde hace mucho tiempo. “La oración me ha ayudado mucho”, indica Guerrero.

Recomendó a los padres que tienen hijos que suelen discutir, que los aconsejen y los acerquen a Dios. “Es lo mejor que pueden hacer los padres, de llevar a sus hijos al Señor desde pequeños”.