Las autoridades de la cárcel aseguran que se preocupan por garantizarles un trato digno a los internos.

Internos del centro Cucama, entre penurias y deseos de superación detrás de las rejas

 

María Herrera /[email protected]

LA ROMANA. Aunque algunos reconocen las posibilidades que tienen de regenerarse dentro de la cárcel, otros internos del Centro de Corrección y Rehabilitación Cucama de esta ciudad se quejaron de la forma en que son tratados por las autoridades de este penal, a quienes señalan como responsables de no garantizarles las condiciones mínimas para cumplir sus condenas de forma digna.

Alexander Rivera, uno de los internos acusado de atraco, se quejó de no poder llevar el tratamiento de su enfermedad por falta de recursos. Dijo que tiene que comer alimentos que no son beneficiosos para su estado de salud. “Tengo un mes y un par de días (enfermo). El médico me dijo que tengo ácido úrico y que no puedo comer habichuelas. Me hizo una receta, pero yo no tengo familia aquí, ¿y cómo la compro?”, se quejó Rivera.

Dijo que hay abusos con los reclusos, ya que según indicó cuando quieren ir al médico no le atienden y le hablan mal. Señaló que, sin embargo, no todo el personal de la cárcel tiene esta actitud hacia los presos. Denunció además que hay un enfermo de tuberculosis que puede contagias a los demás, ya que según dijo los custodios de la cárcel tienen la intención de llevar este enfermo junto a los demás internos.

Otro de los internos de 30 años, quien guarda ocho meses de prisión preventiva por estar involucrado en un homicidio, aunque no quiso ser identificado, aseguró que hay muchas restricciones y no le dan un tiempo específico para recrearse. Además, se quejó de altos precios en los artículos del economato del recinto.

  Cucama cuenta con 699 internos, donde más de 300 están en educación formal y más de cien están en cursos técnicos.

Cucama cuenta con 699 internos, donde más de 300 están en educación formal y más de cien están en cursos técnicos.

“A uno no le alcanza el dinero; una pasta de dientes que en la calle cuesta 120 pesos, aquí cuesta 180. Un cornflake en el súper mercado cuesta 80 pesos, y aquí 130. Los jabones cuestan 35 pesos. La economía es para ellos (los directivos del centro). Los impuestos los estamos pagando aquí. Una cosa de 20 pesos nos la cobran al doble”, denunció este interno que pidió reservas de su nombre.

En cuanto a la comida, dijo que es lo mismo de siempre: “un arroz malo sin sazón, y cuando dan carnes es una restricción, una vez a la semana, y espaguetis como pasado por agua”. Otros internos, aunque manifestaron no sentirse del todo bien porque están privados de su libertad, dijeron sentirse bien tratados dentro de este penal y resaltaron la labor que se desarrolla allí.

Freddy Concepción, quien lleva 4 años de una condena de 30 por homicidio, precisó que ha sabido mantener una buena conducta que le ha llevado a ser posicionado como encargado del departamento de cultura del penal, donde junto a un equipo de internos realizan presentaciones de baile, teatro, pintura, pantomima y maestrías de ceremonias.

“Llegué aquí de una cárcel rural; no hay educación, cultura y nada. Cuando yo vine aquí, al nuevo modelo, había un profesor y él me enseño unas cuantas cosas, y después que se fue me hice cargo del grupo. Nos hemos ido desarrollando, y hemos sido campeones tres años consecutivos”, manifestó Concepción.

Dijo que a pesar de que no se siente bien, porque está preso, por lo menos pudo madurar. “En la calle no tenía tiempo de hacer nada de esto, nada más dedicarme a la delincuencia, pero aquí en el nuevo modelo mi vida ha cambiado, y estoy terminando la escuela, gracias a Dios y a ellos. Cuando salga de aquí, ya por lo menos tengo una profesión, terminada la escuela y la universidad”, expresó.

José María Caraballo, quien también está preso por homicidio a 20 años de prisión, de los cuales lleva 12 años cumplidos, aseguró que está esperando libertad condicional, aunque ya se la han negado tres veces, pero sigue insistiendo. Narró cómo ha sido su vida antes y después de llegar a este centro de corrección.

“Estaba en el antiguo modelo que había que vivir 24 horas, 7 días de la semana, con un arma blanca enganchada, cuidándose de que alguien no le vaya a matar. Aquí no. Gracias a Dios vivimos confiados. En el tiempo que tenemos aquí hemos hecho todos los cursos técnicos; he aprendido a valorar la familia que era algo que yo en la calle, quizás al estar a menudo con ellos, no le daba la importancia, y que entiendo se merecen”, indicó Caraballo.

Explicó, asimismo, que si hay algo que anhela hacer cuando salga libre es poder abrazar a sus hijos, su madre y hermanos cuantas veces quiera, y darles un buen consejo. Hizo un llamado a los jóvenes de que traten de andar por el camino correcto; que se lleven de los consejos de sus padres o de una persona mayor que ellos, y que antes de actuar piensen y recapaciten, porque estar en prisión no es bueno; se pierden de muchas cosas, sobre todo de no estar con su familia.

Dirección se defiende

La directora del centro de Corrección y Rehabilitación Cucama CCR-15, María Solano Herrera, afirmó que en el centro no se maltrata ni se vulneran los derechos de los internos, aunque reconoció que a veces hay algunas quejas de familiares.

“Sí, siempre existen quejas, porque cuando uno pone orden hasta con tu propio hijo tienen su rabieta. Entonces siempre que maltrato, que la alimentación, bueno no somos perfectos, pero sí le garantizamos por lo menos derecho a la salud, al almuerzo en cantidad y calidad, y a su integridad física, sobre todo. Lo que pasa es que hay normas en el centro que hay que cumplirlas y muchos no estarán de acuerdo”, expresó.

Solano agregó que “tampoco trabajamos con monjas; no estamos en un convento; tenemos tantas conductas, tantas culturas y a veces ellos no están de acuerdo con algunas medidas que nosotros tomamos y se quejan con sus familiares, pero eso no significa que nosotros los estemos maltratando y vulnerando sus derechos”.

Señala que “al inicio, ellos como que se resisten, porque como que no asimilan que están aquí detenidos, pero nosotros poco a poco le vamos enseñando que tienen que aprovechar el tiempo, y que la mejor forma de aprovecharlo es realizando una actividad educativa para ellos, como es el arte, cultura, deportes y en diferentes programas que quisiéramos abarcar a totalidad, pero no somos perfectos”, señala Solano Herrera.

Expresa que les da mucha satisfacción cuando una persona llega sin saber leer ni escribir y sale del centro con estas habilidades. Dijo que trabajan sobre la base de que ellos son importantes, y priorizando lo religioso, con actividades como conciertos cristianos.

Explicó que les permiten que se congreguen en la religión que ellos deseen, lo que les ha facilitado el trabajo. “También, el trato que le damos, porque ellos estén ahí y no podemos hablarles con palabras descompuestas, sino que a todos se les habla con respeto, se le respeta su integridad física y así mismo nosotros recibimos respeto, porque lo que damos lo recibimos”, aseguró.

Cucama

El centro de Corrección y Rehabilitación Cucama (CCR-15) está en funcionamiento desde el 26 de julio del 2012. Cuenta con 699 internos, donde más de 300 están en educación formal, más de cien están en cursos técnicos y talleres impartidos por el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep), donde ya han aprendido oficios técnicos que están desarrollando. Las edades de estos internos van desde los 19 años hasta los 60 años.

Solano Herrera, quien dijo también que los internos se levantan a las 6:00 y 6:30 de la mañana para ir a la escuela y realizar otras actividades. Luego, pasan a la peluquería, al comedor y se integran en actividades recreativas. Su día termina a las 10:00 de la noche. Algunos ven novelas o el juego de pelota.

Este centro cuenta con áreas educativas, como una escuela donde los internos aprenden a leer y escribir desde el nivel inicial hasta el bachillerato. Al terminar estos ciclos se les permite ir a la universidad. Además, realizan cursos técnicos en informática, velas, bisutería y aprenden a trabajar con piel en la fabricación de sandalias carteras y demás artículos.

Tienen un dispensario médico, atención psicológica y psiquiátrica, un economato, cafetería, dos canchas deportivas, un espacioso de comedor y cocina. Igualmente, un área de panadería, despensa, barbería, gimnasio, biblioteca y una sala de estar con una televisión.