HOY Y EN MINUTOS / La fe del pueblo dominicano

Hamlet Melo.

Hamlet Melo / [email protected]

El caso de Emely Peguero sucedido en Cenoví, provincia Duarte, se ha constituido en el crimen más atroz que consternó profundamente al país en los últimos días. De igual forma los episodios sangrientos escenificados en perjuicio de las víctimas Rosalinda Yan Pérez y Dioskairy Gómez. Podríamos pensar que se tratara de una filmación cargada de alucinantes efectos especiales y hechos de terror rodada en Hollywood. Pero no es así. Por desgracia, sucedieron esos hechos en nuestro amado país, en el interior de la República Dominicana.
A pesar de estos innombrables acontecimientos que enlutaron a la sociedad dominicana, el Pueblo Dominicano se une en un solo dolor, y apela siempre, de rodillas, a la presencia y misericordia del Altísimo. Pide porque nuestro terruño se encuentre al cobijo del manto divino del Creador; porque nuestra Madre Espiritual, la Virgen de La Altagracia, nos arrulle en su dulcísimo regazo ante todas las inclemencias, injusticias, desesperanzas.
República Dominicana, como hija devota, debe regocijarse porque, en realidad, nuestros Padres Celestiales escuchan sus súplicas. No hace falta abundar en evidencias: el huracán Irma es contundente prueba de ello. El huracán registrado como el más potente de la historia alcanzó categoría 5, con vientos violentos de aproximadamente 295 km/h, con fuertes lluvias que derribaban todo a su paso. La desgracia y desolación arribó a parte de las Antillas Menores (San Martín quedó irreconocible) afectando considerablemente, además, a la vecina isla de Puerto Rico.
Sin embargo, contra todo pronóstico, el fenómeno meteorológico, cual demonio dominado por el crucifijo, alzó su trayectoria y desvió su destructor centro para no afectar nuestra isla. El país se libró de la furia del huracán y una vez más, reinó la presencia y la protección del Creador. ¡Qué alivio sentimos! Sufrimos pérdidas materiales considerables, pero sustituibles. Padecimos estragos en algunas comunidades, pero nos alzamos con prontitud. La vida humana, hasta ahora, fue protegida.
De mi parte, creo fielmente que debemos estar agradecidos de Dios y vivir con temor a Él. Su presencia es un regalo que no muchos disfrutan, ¡sepamos conservarla! Los dominicanos, como hijos de Dios, debemos continuar cultivando la fe en un porvenir lleno de luz, pero siempre en presencia de Él. ¡Amén!