EXISTENCIA, MUNDO Y HUMANIDAD / El súper humano, la decadencia

Muriel Frías Hidalgo.

Muriel Frías Hidalgo / [email protected]

Hay muchas cosas que no son suficientes en la vida: el poder, el deseo de ser mejor que los demás, acompañados de las ganas de encontrar en otros sus errores. Nos vestimos bien porque la naturaleza de nuestro cuerpo ya no alcanza para embellecer la apariencia. Fingimos la voz para parecer más inteligentes. Adoptamos y somos adoptados por aquellas cosas que la sociedad acuña como “Lo Normal” Nuestros hombros nunca están lo suficientemente arriba para mirar a los semejantes. Han anatemizado sus almas aquellos que antes de mirar la cara miran el calzado. Si en la antigüedad el calzado sucio, roto y de muchos años era símbolo de sabiduría en aquellos que evidentemente resplandecía la luz de un mundo que viene de otros mundos.
“Dicen que existió un dios que se comía a sus hijos, pero este tipo hombre despreciable hasta lo insaciable, se engulle a sí mismo”
Sin embargo, hoy, el super hombre nos ha legado sus más desagradables, fétidas y miserables costumbres de odio. Dicen en público: “Si… si, el amor” cuando en privado (sus mentes) se siente dioses por encima de la pobreza. Y ven a esta como una oportunidad de engalanarse sobre aquellos que andan sucios, porque no tienen ni siquiera para comer. Muchos de los que no tienen para comer se han resignado a no trabajar porque el mundo (tú) les has dado esquinazo. El super hombre de la evolución, desprovisto de emociones y sentimientos dignos de un ser, cuenta con un pedazo de carne que bombea sangre y calor, al que a veces llama corazón para justificar su existencia. Este ser sin gracia, continúa creyendo que ha logrado levantarse del polvo, mientras se lo traga a voluntad. Al hombre ultra humano no le importa la esencia de las cosas: pone su atención en los detalles, para contradecir con el escepticismo, amante de la supuesta existencia de un amor de boca. Manipulan y se manipulan a sí mismos con el papel monea y con las monedas de cobre, calamina, magnesio y otros metales amancebados del moho y el óxido como lo es también la carne humana. El hombre sentimentalmente evolucionado es un gladiador con casco roto de astronauta, flotando en el espacio oscuro y vacío, víctima de la falta de gravedad y la influencia del silencio eterno de su Dios.