EXISTENCIA, MUNDO Y HUMANIDAD / Amor por ósmosis

Muriel Frías Hidalgo.

Muriel Frías Hidalgo / [email protected]

El amor por ósmosis que se supone debería existir, no se ha hecho presente desde que fue nombrado por primera vez en la tierra. Su aparición en escasos momentos de la vida, lo convierte en una leyenda de la civilización humana.
Una frase, un nombre sin portador, un personaje, un espíritu y un alma sin personalidad ni apariencia. Un rostro sin voz, sin ojos, ni nariz para distinguir la realidad.
La mitología del amor en su esencia posiblemente pura, está limitada hoy en día al poder, los límites del amor, no sobre pasan el poder. De una forma atípica, contra producente a su sentido y menesterosamente mediocre, etiquetamos el amor de rosa, con lo sexual y sus distintas manifestaciones de sexo.
Lo encerramos en la faculta de control sobre otros o en la faculta de dejarse controlar, un amor de la esclavitud y la codependencia. Un amor futurista, políticamente capitalizado, mecánico y aparente. Pero de generaciones venideras que quizás ni le nombren, por odio a la palabra en sí o por vergüenza.
Al haber abortado con una acción efímera y vulgar “el ósmosis del amor” hemos dado a luz una criatura grotesca. Ente mortal, que en vez de palabras dulces, destila una espuma babosa por el hueco que se supone debería ser boca. No nos debe tocar, nos rasguña, nos destruye y nos mata por placer.
En la depresión de sus ojos duerme la luz, pero esta despierta la oscuridad. “Te quiero, pero no te amo” no sé qué puede probar o justificar esta frase. Y para que se quede en la memoria. Veo desde lejos lo bien que nos ha quedado prostituir el inofensivo concepto del amor: A un romanticismo sexual, a una cultura x de fe, a un estado mental desesperante y depresivo. Parece que no existe un actor abstracto del amor, tal cual lo profesas, solo existe el amor con el que puedes cargar.
Dado el mundo en que vivimos: El amor sin vergüenza, sin escusas, sin manifestaciones previas de poder, ese es el amor por ósmosis, de influencia mutua.
No tiene que acabar en tragedia, tampoco en una final feliz, ni siquiera tendría que acabar. Solo tiene que poner en orden sus ideas para con los demás, no que las ideas le ordenen a él, un amor libre, sin libertinajes.