EPISODIOS / No hay que llorar, hay que celebrar la vida

Rossanna Figueroa.

Rossanna Figueroa / [email protected]

Cuando muere un periodista, desaparece físicamente un profesional. Cuando fallece alguien como el doctor Rafael Molina Morillo, se va una pluma fina, un hombre de trato amable, un ser humano extraordinario y, sobre todo, un colega que tuvo 50 años de ejercicio de una hermosa profesión que nos permite convertirnos en voz de los que socialmente no la tienen los medios para poder expresarla.
Aunque junto a mi clase profesional me entristece haber perdido a un periodista de la talla del doctor Molina Morillo, también debemos dar gracias a Dios por haber permitido que pudiéramos contar con un representante de la comunicación como él.
¿Y por qué estar tristes? Es normal, son los episodios cotidianos de la vida y siempre la muerte nos causa tristeza; pero debemos sentirnos regocijados por haber tenido como colega a un ser humano tan extraordinario como el doctor Molina Morillo.
Me tocó conocerle, trabajar cerca suyo, compartir semanalmente el Almuerzo de Grupo de Comunicaciones Corripio y deleitarme con anécdotas que solían contar cuando se juntaban colosos de la comunicación como don Mario Álvarez Dugan (don Cuchito), Radhamés Gómez Pepín y el doctor Molina, los tres directores de los medios impresos del pepinismo, como solíamos llamarle. Ninguno de los tres está entre nosotros y los que profesionalmente compartimos con ellos sabemos el gran vacío que han dejado en el mundo del periodismo profesional de República Dominicana.
Y reitero, no debemos estar tristes, pues los periodistas sólo somos seres humanos con herramientas que, si las utilizamos en beneficio de la sociedad, como se nos enseña en las aulas, tenemos la oportunidad de generar grandes cambios en nuestros pueblos.
Hay que celebrar, pues a pesar de que hoy ellos y otros grandes de la comunicación social no están físicamente, aún contamos con una pleya de profesionales jóvenes y hasta ya no tan jóvenes, pero muy productivos y comprometidos con la sociedad, que hoy tienen sobre sus hombros la enorme responsabilidad de dirigir los medios de comunicación de nuestro país.
Uno de ellos, mi amigo y antiguo jefe, Osvaldo Santana, quien el lunes fue anunciado como el ganador del Premio Nacional de Periodismo 2017. Este es un premio muy merecido a una trayectoria profesional de 45 años de ejercicio ininterrumpido, que no es nada fácil.
Celebro la vida de los imborrables del libro del periodismo dominicano que hoy ya no están. Celebro la vida de los compañeros directores y periodistas que aún siguen dando lo mejor de sí, en beneficio de nuestra patria.