ENMIENDAS DEL HOMBRE / Sin violencia

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

Sin pretender una justificación, entiendo que por nuestra crianza y tradiciones tendemos a las reacciones violentas, la agresión física y verbal está arraigada en la mayoría de nosotros como programación conductual. A medida que nos quedamos sin respuestas, cuando perdemos la capacidad de argumentar y negociar, al nublarnos por la desesperación, solemos acudir a las descargas airadas.
Me asombra aun oír las palabras en extremo groseras con que la gente se ofende por cualquier vano motivo. Es alarmante ver el irrespeto a la vida en estos tiempos, cualquiera es capaz de dispararle a otra persona sin medir consecuencias, prácticamente sin inmutarse, como si fuese una forma de marcar su supremacía frente a sus congéneres.
Cierto es que hoy son menos que antes los “pleitos al puño”, como era típico en mi época de muchacho, pero esto se debe a la facilidad con que cualquier persona porta un arma en estos días y está dispuesto a usarla. Por cualquier tontería se dispone de la vida de una persona, se desestima el respeto a la integridad humana como si nos tratásemos de material desechable.
Reconozco en mí una enorme debilidad al respecto. Por condiciones que no vienen al caso, he tendido siempre a las reacciones violentas, un proceder impulsivo que ha llegado a ser desmedido. Debido a las consecuencias que han devenido, el dominio de mis reacciones se ha convertido en mi cruzada, en nada he tenido que trabajar más en mi vida que en el autocontrol. En el tema me considero un experto, modestamente y haciendo acto de contrición.
Las agresiones solo llevan a un término: las pérdidas. Sin importar qué justificación podamos dar, el agresor siempre será culpable. La siembra del desafuero solo cosecha odios y revanchismos. Se echan a perder relaciones familiares, parejas, amigos, empleos y negocios, hasta con una mirada de odio. En mi caso, el resultado de creerme en un tiempo muy “hombre-macho-masculino” solo me trajo tristezas, remordimientos, angustias y el adiós de muchos que me amaron y que amé; heridas que solo la misericordia de Dios serán capaces de sanar.
Los hábitos agresivos llevan términos perversos, rehacer una vida tras rastros de destrucción se hace una tarea casi imposible y dolorosa. Por ello habré de recomendar siempre apretar los labios antes de ofender, abrazar antes de golpear, perdonar antes de perderlo todo, pues no habrá sombra más nefasta que la generada por el miedo y el odio que genera la violencia.