ENMIENDAS DEL HOMBRE / Sin segundos que destruyan vidas

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta /
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Hoy quiero compartirles una enmienda analizada y escrita para mí mismo, admitiendo una propensión al descuido del tiempo. Aun consiente de no ser el único con tal debilidad, me enjuicio por ceder con frecuencia a instantes de ira, pasión, vanidad y miedo.
Estas cuatro flaquezas humanas que en tan solo un breve instante pueden dar al traste con toda una vida llena de sacrificios, esfuerzos y dedicación, realidades del hombre al tomar decisiones mal fundamentadas. Quizás descuidos, que terminan destruyendo familias, amistades, profesiones, instituciones; que generan graves frustraciones, rencores, irremediables tristezas.
Un simple gesto de provocación, alguna palabra descompuesta recibida, bastan para encender nuestra ira, para desencadenar acciones agresivas que con frecuencia apagan vidas. En un lapso insignificante ponemos en riesgo nuestra libertad, nuestra propia existencia. Herimos sentimientos con ofensas imborrables.
Entre nosotros, los varones, ceder ante la figura exuberante y de pronunciadas curvas de una joven hembra, resulta en una trampa de placer que nos envuelve en unos minutos de éxtasis que desencadenan tragedias. Nos alocamos, haciéndonos olvidar nuestros más importantes compromisos. Anteponiendo el placer, no atencionamos los sentimientos, quebrantamos la fidelidad, irrespetamos amistades, la seducción nos embrutece.
En nuestra vanidad, nos es posible aceptar sobornos, tomar ventaja para adueñarnos de lo que no nos pertenece, en un afán desmedido por acortar los procesos para el éxito. Nos imponemos a cualquier precio para ser notados y reconocidos. Opinamos de más e imprudentemente para captar atención.
En un instante de miedo, tomamos acciones desesperadas, dejamos a la suerte los resultados, sedemos a las imprudencias, nos justificamos en el temor. Así, intentamos retener las cosas y a los demás, con actos imprudentes que terminan mal, que generan agonías que sobrepasan los mismos miedos.
Observo mi entorno y sonrío al darme cuenta las tantas veces al día en que pongo en riesgo todo, en lo cerca que he estado de destruir las cosas que más atesoro. Cuantos resultados podrían ser diferentes al tomar solo unos segundos para pensar en las consecuencias de nuestras decisiones y actos.