ENMIENDAS DEL HOMBRE / Restableciendo la confianza

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

He experimentado el olvido de las personas, el alejamiento de la gente cuando no les eres útil. Cuando los resultados son adversos y las crisis te arropan, los demás parecen desaparecer de tu entorno, las llamadas para saludarte son inexistentes, las invitaciones eclipsan. De alguna manera empiezas a sentir de los demás que les eres una molestia. Eres despreciable, sientes como si todos conspiraran en tu permanencia en la desgracia.
Estas emociones y sentimientos encontrados te llevan a perder la fe en los demás. Nos abordan pensamientos rencorosos, te llegan a la memoria lo que has hecho por los demás de manera desinteresada, sentimos el desagradecimiento injustificado de aquellos que alguna vez apoyaste.
Sin embargo, también se nos olvida que en tiempos de bonanza el tiempo era preferible invertirlo solo en quienes nos benefician, en los que se encontraban en nuestro entorno productivo, en los de presencia obligada por lo ineludible. En ese afán de éxito, pasamos por alto que nos vendemos como un producto de resultados, que realmente no cultivamos relaciones basadas en las personas, sino, en lo que las personas nos ofrecen y en la imagen por la que queremos ser vistos, reconocidos y aceptados.
A fuerzas he tenido que crear conciencia, reconociendo que una relación personal basada en un círculo social o económico no basta para un acercamiento integral como personas. Los lasos fuertes entre la gente se construyen basados en el reconocimiento de los sentimientos y en la protección de los mismos. La lealtad y adherencia se genera en función de un intercambio de identidades, principios y valores. Cuando logramos vencer el miedo a un potencial engaño o traición, es posible brindarnos de forma auténtica y librarnos del clima de desconfianza que parece generalizarse en estos tiempos.
Nos cuidamos excesivamente para no ser dañados, pero en este mismo ejercicio alejamos a los demás, levantamos muros que no nos permiten acercarnos con honestidad. Ciertamente, sin ser desprevenido, entiendo preferible dar pan a un glotón que dejar morir de hambre a un necesitado. Prefiero olvidar una ofensa antes que olvidar todo el bien realizado por alguna persona. Vale más proveer una oportunidad que desencadenar acciones de odio en un desesperado.