ENMIENDAS DEL HOMBRE / Reaprender vale la pena

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

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En nuestras enmiendas, nos proponemos cambiar, ser mejores. Sin embargo, falsamente entendemos que nuestro mayor trabajo sería dejar detrás nuestras malas actitudes y defectos, cuando el mayor empeño debe ser dirigido al reaprendizaje de nuevas formas de pensar, reaccionar y disfrutar la vida.
La causa fundamental de que muchas enmiendas fracasen radica en que al vencer malos hábitos, estos no son sustituidos por nuevos convenientes, generándose un vació que da pie a las reincidencias. Dejar actividades dañinas sirve de poco, si estas no son sustituidas por otras beneficiosas.
Ahora bien, tras muchos años de una programación conductual basada en el instinto generalizado de nuestros deseos y apetencias, se hace complicado no solo vencer las costumbres, sino, sustituirlas por otras de las que no tenemos idea de nuestras reacciones. Por tanto, esta tarea se convierte en una especie de ejercicio de prueba y error, que puede ser frustrante en ocasiones.
Personalmente he tenido éxito en dejar detrás antiguas reacciones, pasiones y deseos que terminaban llevándome a las exageraciones, sin embargo, aun persisto en la búsqueda de reacciones sustitutas a mis impulsos. Encontrar nuevas actividades que me satisfagan emocional y físicamente ha sido posible, y lentamente mi vida ha ido cobrando sentido y propósito. Ahora bien, encontrar resistencias nuevas a las agresiones de la vida ha sido bastante complicado.
Adquirir inteligencia emocional es un ejercicio usualmente extenuante, que puede llenarnos de incertidumbres. Elegir inteligentemente la forma correcta de reaccionar adecuadamente en el momento justo es un hábito que requiere vehemencia. Las respuestas sensatas son fáciles cuando estamos calmados y controlados, pero cuando estamos en el seno de los conflictos, en medio de momentos accidentados, es toda una odisea.
Dejar de hacer cosas inadecuadas no implica comenzar a actuar bien. Existe un punto de inflexión donde nuestras acciones parecen nulas, reacciones carentes de resultados, pues aunque no propiciamos el mal, no mejoramos nada, todo queda igual y sin méritos.
Pero, cuando empezamos a descubrir nuevas respuestas, hábitos saludables, gustos equilibrados, reaprender vale la pena. Pasamos a ser parte de las soluciones, nuestras satisfacciones dejan de ser pasajeras, se cimientan en nuestro interior como un estado de éxito que nadie puede arrebatarnos.