ENMIENDAS DEL HOMBRE / Fecundar liderazgo

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

Desde los años de mi infancia el título de jefe fue una meta perseguida por aprendizaje social, ser la figura predominante, quien dictara las órdenes, a quien se debía obediencia y “respeto”. Perseguí vehementemente tal posición, por tanto, traté de diligenciarme todo aquello que entendía necesario para serlo. Pero en ese afán, durante muchos años, predominaron los conflictos y las tristezas, pude sentir el cargo de conciencia que se acumula con acciones desmedidas, el daño y sufrimiento que causa la acción del “jefe”, no solo a terceros, sino al mismo entorno familiar que pretendía proteger.
Estas enormes cargas y heridas no me permitían disfrutar mis tenencias, la obediencia coaccionada me hacía ver a mí mismo como un agente del sufrir, un propagador de inconformidades que debía siempre vigilar por sus intereses a no ser arrebatados. A fuerzas de pérdidas y confrontaciones, entonces anhelé la paz y una verdadera calidad de vida.
Interioricé en mis frustraciones, y al ocuparme de mi verdadera esencia, busque del consejo e instrucción de aquellos que gozaban de una especie de influencia mágica que hacía prosperar su entorno sin verse consumidos por el prestigio y bonanzas.
En ellos en entendí las ventajas de no imponer, sino convencer; de promover en otros un accionar por voluntad que me permitiría descansar mi guardia permanente. Comprobé en sus sonrisas un poder cautivador que genera adhesiones, una atracción casi magnética para la colaboración. Jamás vi en ellos actitudes pasivas, por el contrario, disfruté de seres que buscaban siempre socializar, disfrutaban la cercanía, la interacción. Se mostraban tolerantes a las debilidades de los demás, y frente a estas animaban a vencer las limitaciones. Consoladores solidarios en las tristezas, generadores de optimismo, luces que desvanecían tinieblas. Observé de estos una virtud aprendida, un adiestramiento a base del servicio que los hace consientes, dando siempre importancia a escuchar, a responder e instruir, ofreciendo un ánimo de esperanza sanadora.
Descubrí el término de Liderazgo. Ahora sigo un modelo del mismo que me cautivó y busco imitar. Caracterizado por estar lejos de la petulancia que da el estatus quo, por la humildad. Este no busca estrategias de Marketing para prevalecer, se cimienta en la defensa de los marginados, transmitiendo un mensaje coherente con el estilo de vida, que promueve un servicio desinteresado sin acepciones humanas. “Él” fue un ser armónico de excelencia, un siervo.