ENMIENDAS DEL HOMBRE / Enseñando con el ejemplo

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

Cuantas son nuestras preocupaciones por educarnos profesionalmente, vastos los esfuerzos por sobresalir en nuestros oficios, afán vehemente por ser sobresalientes, exitosos. Justas aspiraciones del hombre negado a ser uno más del montón, guerra permanente contra las necesidades y carestías inflacionarias del estilo de vida.
Para nuestros hijos, procuramos el mejor techo, vestimenta adecuada al estatus, eficiente alimentación, seguridad médica, colegios de excelencia, en fin, todo a nuestro alcance, amparados en que “no quiero que mis hijos pasen lo que yo pasé”.
A todo esto, se me ocurre preguntar, en esta marcha implacable hacia el bienestar y mejores oportunidades, nos mostramos a nuestros hijos honorablemente? ¿Somos verdaderos ejemplos de hombres de bien, socialmente dignos, irreprochables? ¿Nuestras acciones están siendo manejadas de manera tal que no se conviertan en una justificación para futuras rebeldías de nuestros vástagos, caldero de cultivo para imitaciones indecorosas, generadores de costumbres y hábitos destructivos?
En mi caso, mis vetustas travesías no fueron ejemplo correcto alguno, mis antiguas licencias desmedidas habrían de ser aquello que jamás padre alguno quisiera ver en sus hijos. Pero el Señor fue misericordioso conmigo y he podido reorientar mis pasos, corriendo con la bendición de ver en los ojos de mi prole el orgullo de descender de un hombre que se afana en su reorientación incansablemente. En ellos distinguí la atención que proponen para imitar mis gestos y ademanes, mi tono al hablar, el trato que brindo a los demás, la palabra empeñada, la laboriosidad y el esfuerzo.
Hago un brindis de esperanza para hacer las paces sin palabras, con acciones ensordecedoras, estruendo de la oportunidad basada en principios. Por lo que comparto con mis congéneres la intención de tener en cuenta qué hacen para obtener bonanza, prudencia en el vivir, observancia para corregir sin malograr las tendencias de los que amamos. Que nuestros pasos muestren justicia, misericordia y amor, que nuestra luz refleje entereza en las vidas de nuestros protegidos, para que sean herederos de dignidad, no de lágrimas.