ENMIENDAS DEL HOMBRE / ¿Por qué enmendarse?

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

En mis confesiones de experiencias me manifiesto en torno a un e-mail recibido, inquiriendo en qué beneficio tendría adoptar un estilo de vida que solo nos convertiría en “santurrones”, víctimas del accionar despiadado de los desproporcionados. Nos refieren a un eslogan político: “mejor arriba con presión, que abajo con depresión”.
Justas observaciones de nuestro lector, con argumentos prácticos aceptables, más no auténticos. Me habría gustado poseer doctorados en sicología y sociología, el colmillo de quien ejerce la política, las habilidades acumuladas por aquellos que amasan fortuna y logran estatus sociales que le hacen ver por encima de los demás, así rebatir con argumentos que pueda ejemplarizar con mi propio “éxito”. Sin embargo, solo cuento con mi ejercicio en los desatinos, desenlaces desafortunados. No tengo idea de cómo alcanzar acervos y reconocimientos, lo admito. Pero, con mis cicatrices como evidencias, puedo asegurar qué cosas llevan al hombre a la autodestrucción, a las depresiones, al desperdicio.
Tratamos de alcanzar a los pocos que logran separarse por encima del promedio, olvidando las mayorías que naufragan y a los otros muchos que agonizan en su batalla exagerada por no ser “uno más del montón”. No tomamos en cuenta que las posibilidades de no sobresalir frente a las exigencias sociales son en extremo superiores a las de lograrlo. Nos adueñamos de la idea de que vivir con dignidad solo es posible con fama, dinero y poder, sin importar el daño que causamos, sin tomar en cuenta que arriesgamos funestamente lo que buscamos: libertad y felicidad.
Jamás habré de animar a una actitud conformista, mucho menos, a la pasividad del sometido, sin embargo, si a la prudencia para no deshumanizarnos y llevar una vida basada en qué tanto podemos satisfacer nuestros deseos. He vivido los efectos de no atender y proteger a quienes se encuentran en nuestro entorno, de arrollar a quienes se interponen a nuestros objetivos particulares, de sólo perseguir lo físicamente tangible: fatiga constante, remordimientos y tristezas. Los hábiles pueden camuflarse frente a los demás sin admitirlo, hasta confundirlos, pero imposible escaparse de sus momentos de soledad.
Reencausarse es viable, lo experimento hoy. Enmendarse, la única posibilidad para descansar en sus adentros y sentirse digno para sí y los suyos, recuperando una sonrisa más reconfortante que una abultada cuenta bancaria o un concierto de adulaciones, sin ser necesario aceptar la miseria. Solo en el amor encuentra paz el hombre, ser feliz es una decisión cimentada en el bien común.