ENMIENDAS DEL HOMBRE / Aceptando sin quejas

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta / [email protected]

Si de una cosa estoy seguro, es del hecho de condiciones y situaciones que se escapan totalmente del control del hombre. Las mermas materiales, los accidentes, enfermedades y hasta la pérdida de seres queridos, están sujetas a infortunios que no podemos prever con certeza, sin embargo nos abruman, nos entristecen y nos llevan a estados de estrés que terminan en depresiones. Por igual, las contradicciones y desacuerdos con los nuestros, concluyen con frecuencia en enemistades, agresiones airadas defendiendo posiciones encontradas.
Solemos considerar nuestros males como los peores, sentimos que nos abandona la “suerte”, desamparados y olvidados por Dios. En ese entendido, desahogamos nuestras frustraciones ante los demás, y hasta en nosotros mismos al juzgarnos y castigarnos despiadadamente. Nos limitamos en nuestra obstinación, nos incapacitamos para la búsqueda de alternativas, nos invaden tristezas que no nos permiten ver todo lo que somos, la inmensa riqueza que nos otorga la simple existencia a través de la oportunidad de sobreponernos y reajustar nuestras vidas.
Recomponernos, reajustarnos, asimilar los cambios inevitables, son disciplinas que debemos adquirir. No dejarnos aplastar por lo que ya no tiene remedio, realizar una reinvención personal ajustada a nuestra nueva realidad sería lo más recomendable. Lamentarnos por lo que ya es imposible resolver, quejarnos, una pérdida de tiempo y energía.
Existen innumerables personas que pueden enseñarnos con el ejemplo las virtudes de la aceptación. Gente que sin importar la desgracia se levantan, pasan la página y crean nuevas oportunidades existenciales. Admiten que las cosas no serán igual y viven para convertirse en su mejor versión, a pesar de todo. Son inspiradores, promueven la fe y la esperanza haciendo de sus limitaciones nuevos dones.
Así nosotros, sin lamentos, habremos de admitir que no tenemos el control del mundo, siquiera de nuestras propias actitudes en ocasiones, que estamos sujetos a la evolución, a las transformaciones, a pérdidas irreparables. Por cuanto, no habremos de claudicar, tomaremos un nuevo impulso, dejaremos ir a quien ya no está con nosotros, a quien no quiera mantenerse cerca; propondremos nuevas estrategias para continuar desde cero si es necesario. Jamás habremos de sucumbir sin sentido ante lo que ya forma parte de nuestra historia.