EDITORIAL / Marcha Verde y el silencio del Gobierno

En estos momentos, la sociedad dominicana es testigo de un acontecimiento que adquiere singular importancia porque se produce en un contexto de desgaste de las principales fuerzas políticas, incluida la que detenta el poder actualmente.
Hablamos del movimiento social denominado Marcha Verde, una iniciativa que nació tímidamente y que ha adquirido una fuerza inusitada, apoyada en sectores de clase media y que ahora sus propulsores intentan llevar a las clases verdaderamente popular.
Marcha Verde ha hecho recordar a muchos dominicanos la época en que las principales conquistas sociales, políticas y económicas de este pueblo eran conseguidas con el arrojo y determinación de hombres y mujeres que ofrendaron hasta sus vidas por darle lo mejor a nuestra patria.
El éxito de este movimiento radica en que sus demandas de castigo a la corrupción y la impunidad han concitado el respaldo de diversos sectores, incluido el empresariado dominicano.
En cada intervención pública, los principales voceros de Marcha Verde lucen coherentes en defender los propósitos de este movimiento, los que han servido como base para su lema y motivo de inspiración para una lucha social que da muestra de fortalecerse en cada esfera de esta nación.
Y mientras esta organización se extiende y gana cada vez más terreno, el gobierno todavía no ha ofrecido una declaración que pudiera considerarse oficial en torno a su expansión.
Esta actitud es considerada por no pocos analistas como arrogante y carente de inteligencia por parte de las autoridades, dado que el Gobierno hace mucho que debió haber ponderado la posibilidad de acercarse a este movimiento, y al menos escuchar de cerca sus reiteradas peticiones.
En la lógica del poder suele admitirse como muestra de debilidad dialogar o conversar con grupos que se consideran antagónicos. Sin embargo, vivimos tiempos distintos, en los que se impone la búsqueda de consenso y salidas negociadas a toda clase de conflictos o situaciones adversas.
No prestarle atención a la razón de ser de Marcha Verde sería padecer de miopía incorregible y una falta inexplicable de tacto político, máxime si vivimos en un régimen de democracia y apertura, aspectos que este ni ningún otro gobierno deberían desconocer.
Mientras tanto, este movimiento se expande como fuego en yerba seca, con un norte muy bien definido e innegables expectativas de crecimiento.
Jugar al descrédito le haría más daño que bien a un Gobierno en el que recae gran parte de los señalamientos que dieron origen a Marcha Verde.