EDITORIAL / Que los responsables de pederastia rindan cuentas

La pasada semana, las fibras de la sociedad dominicana fueron sacudidas con una noticia que aún mantiene consternados a sus ciudadanos. Un adolescente de 16 años de edad fue brutalmente asesinado de manera cruel y despiadada. Su ejecutor, hasta ahora señalado por las autoridades de investigación: un sacerdote católico.
Hasta ahora, el sacerdote Elvin Taveras, considerado como un hombre de confianza para la familia, al punto de que la abuela de la víctima, sólo identificada como Ana, se encargaba de lavar y planchar su ropa, es señalado como el responsable del asesinato del joven Fernelis Carrión, de quien se dice violaba sexualmente desde hacía varios años.
Taveras hoy está en la cárcel de Najayo Hombres, cumpliendo una medida de coerción por un año, hasta que inicie el juicio de fondo.
En 2013, otro escándalo sacudió a la Iglesia católica en el país. El nuncio apostólico de entonces, Józef Wesołowski, fue acusado de pederastia, es decir, abuso sexual contra menores de edad. En septiembre de 2014 se abrió un juicio penal en su contra por esa causa, y el 23 de septiembre se anunció su arresto domiciliario en el Vaticano. Wesołowski fue encontrado muerto en su residencia en el Vaticano, el 27 de agosto de 2015.
En el 2005 fue develada otra historia similar, cual si fuese sacada de una novela de terror. Decenas de niñas y niños fueron violados sexualmente y sometidos a abusos, incluso fueron obligados a participar en alegados ritos satánicos en el albergue Hogar Infantil Católico Francisco Javier, en San Rafael del Yuma, de esa provincia La Altagracia.
Desde finales de 2005, el caso permaneció cerrado judicialmente, hasta que en el 2010 el Tribunal Colegiado de La Altagracia fijó una audiencia para el 22 de noviembre de ese año, citando a los sacerdotes Cirilo Antonio Núñez y Ramón Antonio Betances, así como a otros vinculados y empleados del albergue.
Uno de los principales señalados, el diácono Rigoberto González Pedial, ya había fallecido el 7 de enero del 2006. Aún el caso sigue impune.
Si bien es cierto que la Iglesia católica representa la más amplia profesión de fe en el mundo, y que los obispos, sacerdotes y clérigos en su mayoría son personas con verdadera vocación cristiana y de servicio social, consideramos que es necesario que esta institución haga una revisión de los valores reales y la formación de quienes en su momento se deciden por la vocación sacerdotal.
La sociedad clama justicia por estos y otros hechos bochornosos. Nos sumamos a la frase pronunciada en 2015 por el Papa Francisco ante hechos de esta naturaleza: “Todos los responsables deberán rendir cuentas”.