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EDITORIAL / Cuando el pueblo se expresa…

En los últimas meses, diversos sectores de la sociedad dominicana se han volcado en airadas protestas, que incluyen expresiones de descontento divulgadas por los medios de comunicación, y sobre todo mediante el gran fenómeno de estos tiempos: las redes sociales.
El máximo esplendor de esta expresión popular se produjo hace dos semanas, cuando miles de personas salieron a la calles a protestar en la capital y en otros pueblos del interior. Igual ocurrió en ciudades del exterior, donde los dominicanos tienen una significativa presencia.
Estas protestas tienen por objetivo llamar la atención por las denuncias de corrupción que envuelven al actual Gobierno y a pasadas autoridades. La gente quiere justicia, y pide a gritos que los responsables de robar al erario público vayan a pagar en la cárcel.
La pasada semana, la sociedad civil de Higüey también se pronunció en iguales términos, a través de este medio de comunicación. Se trata de todo un movimiento social quizás comparado con las protestas de los años 80’, precisamente contra gobiernos corruptos que laceraron la confianza que el pueblo depositó en ellos.
La actitud del actual Gobierno ha sido de receptividad ante estos reclamos, partiendo de lo dicho por los principales voceros del presidente Danilo Medina, quien ha instruido al procurador general de la República para que actúe sin contemplación contra quienes estén comprometidos con algún acto de corrupción administrativa.
Desde el Palacio Nacional se han hecho eco de un “caiga quien caiga” que la población mira con recelo, dado que en nuestro país son contados los casos de funcionarios que han purgado condenas por haber incurrido en acciones dolosas en el manejo de recursos públicos.
Es, entonces, una actitud comprensible entre quienes miran con desconfianza la proclamada voluntad del Gobierno de poner tras las rejas a los que robaron dinero del pueblo que hoy está exigiendo acabar con la impunidad que afecta la imagen del Estado dominicano.
De todas formas, estamos frente a un momento histórico en la vida nacional, porque ciudadanos de todas clases sociales, sin importar banderías políticas, ideologías o credos religiosos, están dispuestos a no dar su brazo torcer en su propósito de demandar transparencia y conductas ejemplares en el comportamiento de los servidores públicos.
Lo mejor que puede hacer el Gobierno es no actuar de espaldas a estos reclamos, ser cauto en la toma de decisiones y poner el oído en el corazón de un pueblo sediento de justicia.