DETRÁS DEL HORIZONTE / OEA y su informe 2016

Darío Yrizarry.

Darío Yrizarry / [email protected]

Cuando leímos el informe 2016 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicado recientemente por ese organismo autónomo de la Organización de Estados Americanos (OEA), en donde colocan a la Republica Dominicana en una “lista negra” junto con Cuba y Venezuela, no salimos del asombro solo por los países que compartimos tal calificación. En lo que respecta a nuestra nación, ellos basan su informe en un viejo reclamo de la comunidad internacional basado en “la persistencia de la discriminación racial estructural contra personas de ascendencia haitiana”, lo cual (siempre a su consideración) ha impactado particularmente en “el reconocimiento de la nacionalidad, deportaciones, expulsiones, operativos migratorios y expulsiones colectivas” aduciendo ellos que el Estado dominicano enfrenta grandes desafíos en materia de discriminación racial…¿?
Pero hablar de discriminación racial en un país donde se convive “face to face” con la colonia de inmigrantes, es una gran mentira. Esta blasfemia hecha por dicha comisión tiene un enfoque dirigido específicamente al caso de nuestros vecinos haitianos (porque es su objetivo) y por solidaridad patriótica necesariamente tenemos que unimos al gobierno en cuanto al rechazo total y decidido que se hizo público de este atropello a nuestro estado, desconociendo grotescamente los ingentes aportes hechos por nuestros gobiernos a un problema social que nosotros no hemos creado y que ellos no han querido resolver.
Pero tenemos que ser coherente como hacedor de opiniones y es nuestra responsabilidad también decir que los organismos represivos del Estado todavía generan graves actuaciones consideradas como violaciones a los derechos humanos.
Y lo plasma el reciente caso del señor Juan Dionisio Compres, quien fue objeto de la peor actuación de represión criminal en un estado democrático moderno, donde se le incriminó falsamente de posesión de casi un kilo de cocaína, convirtiéndose esto en un acto bochornoso, deleznable, vil, vulgar y desconsiderado, (recordándonos un pasado horroroso que creíamos superado).
Pero las preguntas que surgen por necesidad son las siguientes: ¿Qué harán las autoridades con este caso? ¿Es un incidente particular creado por los oficiales autores materiales del hecho? ¿Quién dio la orden de trabajo a estos oficiales? ¿Qué se buscaba con esta odiosa conjura? ¿Dónde consiguieron la droga? ¿Puede un oficial manejar cantidad considerable de narcóticos sin estar involucrado con el narcotráfico?
Quedan algunas otras preguntas.