DETRÁS DEL HORIZONTE / La responsabilidad de bien informar

Darío Yrizarry.

Darío Yrizarry / [email protected]

El ejercicio de la profesión de comunicador social en dominicana se ha visto manchado en las últimas dos décadas por la compra-venta de conciencia y opiniones sustenta en un cargo público o privado o los dos a la vez; o un cargo diplomático allende los mares; o simplemente asalariado sin funciones (botella) coartando y cercenando de esta manera las informaciones verídicas que deben llegarle a la sociedad en sentido general bajo responsabilidad de estos.

El comunicador social independiente es una profesión en peligro de extinción en nuestro país, donde se pueden contar con los dedos de las manos (y sobran) aquellos que de manera responsable la ejercen.

Es recurrente escuchar en los programas de radio dominicanos informaciones truncadas, con datos incompletos respecto del caso que genera el informe periodístico, todo con la finalidad de que la noticia llegue apañada de acuerdo con lo que el comunicador quiera que el receptor escuche. Estas informaciones siempre se despacharán dependiendo del grupo de interesados que ejerce el dominio de los medios en que se difundan.

La crisis comunicacional es real; y a quienes les perjudica es a los propios que tienen el deber de informar apegado a la verdad y no lo hacen, dado el compromiso de estos con los gobiernos de turno y el sector privado. No cabe mucho análisis a lo que nos referimos. En nuestro País se han creado (y persisten) carteles de la comunicación nacional, confabulados con  intereses oscuros para divulgar las informaciones que ellos desean que la sociedad escuche. Esta práctica es totalmente contraria a la ética del trabajo, lo cual recomienda prudencia al informar con la verdad de los hechos pura y simple.

 La crisis comunicacional es real; y a quienes les perjudica es a los propios que tienen el deber de informar apegados a la verdad y no lo hacen.

Estamos viendo con preocupación en nuestra zona casos de “comunicadores” que han hecho acusaciones falsas y directas a personalidades que caen dentro del irrespeto y  la irresponsabilidad, tratando de ocultar así su deslumbrante inmadurez e incapacidad de hacer comunicación basada en la verdad como un aporte social efectivo.

Y esto ha generado como consecuencia demandas y agresiones físicas y verbales de aquel que se ha visto afectado en su integridad a causa de un comentario malsano. Cada comunicador social es responsable ante la ley del daño moral y material que pueda causar las informaciones falsas emitidas por este con el propósito de hacer daño a un ciudadano.

¿Cuál es el aporte que hace a la sociedad una difamación irresponsable de un comunicador? ¿Tiene derecho quien ostenta la palabra en un medio a decir o escribir lo que le parezca? Por supuesto que no. Siempre hay protocolos que seguir, parámetros que no se pueden violar. La prudencia debe ser el norte para así  evitar que el ejercicio de esta profesión los convierta en comunicadores sin escrúpulos.

Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: La palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. (Proverbio chino).