DETRÁS DEL HORIZONTE / Para el 20…Las opciones no existen

Darío Yrizarry.

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En el actual escenario de la política vernácula (como decía un comentarista de antaño) hay algo más claro que el día, y es que la oposición tradicional no existe. El Partido de la Liberación Dominicana se ha encargado de desmembrar los partidos opositores en perjuicio del sistema de partidos y de todo el conglomerado, principalmente del Estado dominicano que por su condición de jerarquía imperecedera necesariamente debe convivir con ellos.
La ideología peñagomista de un “gobierno compartido” contrasta con lo que hoy vivimos pero muchos se podrían confundir y pensar que en los momentos actuales el PLD asume esa teoría. Lo que hoy exhibe la republica dominicana para el mundo es unos gobiernos que se han empeñado en socavar los cimientos de la oposición obviando que su existencia es algo tan vital como el agua a la vida. Ya no existe ese férreo discurso de denuncias dirigido a los que nos gobiernan; ya la teoría marxista-leninista sucumbió al capitalismo…ya se ha perdido la emoción política motivado a que la entrada del PLD a la dirección de la cosa pública cambió totalmente la mentalidad del dirigente político dominicano, incluso hasta de la “izquierda”, agrupada en una entelequia llamada Movimiento Izquierda Unida, quienes han tirado por la borda las esperanzas de reivindicación de los pueblos igualándose a los partidos que hoy le sirven de “pie de amigo”. Paradójicamente, los que tradicionalmente debían adversar al poder hoy son sus grandes aliados.
Siempre se ha dicho (y en algunas ocasiones se ha dado) que en la política, la circunstancia juega un papel preponderante que en última instancia cambia radicalmente los resultados que supuestamente debían obtenerse. La dinámica de la política practicada por los dominicanos es cerrada y de último momento, donde se nos hace difícil avizorar detrás del horizonte lo que nos viene como resultado en un proceso eleccionario, motivado a que la gran mayoría votante se mantiene en un estado de “mimetismo”. Y es en estas circunstancias que debemos ver con preocupación cómo un partido logra perpetuarse en el poder con una concentración abusiva de los demás poderes del estado.
De repente nos chocamos con un panorama crítico, con campos nubosos y una atmosfera pesada que nos llena de incertidumbre como cuando no estamos seguros de si nos profesan amor o no.
Por lo tanto, solo hay una organización política con posibilidades reales de ganar de nuevo las elecciones del 2020. Y es lesivo para la democracia que esto ocurra. Pero mientras los partidos opositores no entiendan el roll para lo que están llamados hacer en beneficio de la sociedad, seguiremos inmersos en esta mal llamada democracia.