Fuera del Aire / Un hombre modesto, pero amado

Fernando Placeres.

FERNANDO PLACERES / [email protected]

En aquella primera ocasión en que nos tocó acompañar a don Frank Rainieri, a Frank Elías, a Ernesto y a Paul en un viaje de intercambio de ideas e impresiones con los principales líderes residentes en el municipio de Higüey, tuve ocasión de conocerle.
Me llamó la atención su modestia y lo amado que había llegado a ser en toda la provincia.
En efecto, casi unánimemente, los higüeyanos se sentaban en sus casas al mediodía a disfrutar el programa “Usted y el Pueblo” y las mediciones marcaban cerca de un 80% las preferencias de ese espacio.
No era un gran teórico y su estilo contrastaba por original y campechano. Había quienes podían quizás hablar con mayor elegancia y estilo, pero pocos calaban en el corazón de su audiencia con la profundidad que este hombre sencillo y directo había logrado.
Había quienes atribuían su éxito en los medios a los muchos años de carrera como comunicador, primero en la radio y luego en la televisión, y quizás tenían razón. Yo si embargo percibí otra cosa.
Hay algo en la conciencia humana que funciona como vocecilla interior. Existen personas cuya sola presencia es capaz de despertar en nosotros un llamado de confianza y afectos. En presencia de este obrero abnegado del micrófono y las luces era precisamente eso lo que uno sentía. Su afabilidad natural era un llamado a acercarse, a seguirlo, a quererlo.
En ese primer viaje, con la timidez de un recién llegado, me acerqué a saludarle.
Su sencillez, carisma y olor a pueblo conquistaron mis simpatías en menos de dos horas.
A partir de ese momento, Modesto pasó a ser mi “padre espiritual” y profesional en este duro oficio de comunicar.
Hoy hago la confesión: estudié sus gestos, su manera aparentemente desenfadada de entrevistar y, sobre todo, su capacidad de conectar con el pueblo.
Algunas de sus claves comunicacionales, que desafían mis entrenamientos en las universidades más lejanas, fueron un obsequio desinteresado que todavía agradezco.
Un hombre modesto, pero amado

Un hombre que mostró cómo, cada quien en su ámbito, puede con sencillez, talento y disciplina cambiar el destino de un pueblo.
La impresionante multitud que se lanzó a darle un último adiós en la funeraria Shadday y luego en la Basílica y siguiéndole hasta el camposanto, dejó sorprendidos a aquellos que vinieron de otras provincias, pero jamás a quienes ya conocíamos del amor que le profesaba su pueblo.
Sentado frente a su féretro, me asaltó una tristeza insospechada.
Mirando tantas personas llorar de corazón la partida de Modesto Amado me acerqué a obsequiar con un abrazo eterno a quien me abrazara tanto, con tan pocas razones.