EN BUEN SENTIDO / Renovación Territorial

Antonio Corcino.

Antonio Corcino /
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Debido al desarrollo que experimenta el Distrito Municipal Verón-Punta Cana, urge una renovación territorial en la cual las autoridades organicen y normalicen al sector desarrollador y de la construcción en sintonía con nuestras necesidades.
El desarrollo relativo experimentado en este distrito municipal, caracterizado por la bipolaridad; hace que por un lado, vemos orden y abundancia, y por el otro lado de la moneda, se figure marginación, exclusión y desigualdad, que advierten el fracaso al estar desvinculados a planes de ordenamiento y desarrollo territorial; generando de este modo, tensión entre los desarrolladores de proyectos privados y las autoridades distritales, fruto de la distorsión de propósitos, el ecosistema ideal por donde se cuela el desorden, la iniquidad y, no da oportunidad a la vida humana; razones para que la perspectiva territorial de Verón-Punta Cana sea reorganizada y reorientada: administrativa y jurídicamente, social, económica y medioambientalmente.
La realidad de las construcciones ilegales, expuesta en la edición pasada de BávaroNews por la Asociación de Desarrolladores y Constructores de la Provincia de La Altagracia, y las limitaciones manifiestas por el encargado de la oficina de planeamiento urbano, confirman que no hay controles, terreno fértil para que florezca la arrabalización, lo que representa una oportunidad para la renovación territorial.
Las expresiones de José Vásquez son señales de las barreras que existen para que reine el orden, ambientado por la desarticulación y las multiplicidades de funciones, que conviven despaldan a las leyes, y dan razones para que las autoridades nacionales y locales, legitimen un instrumento eficaz para humanizar este desarrollo.
En tal sentido, la forma como ha sido poblado y edificado el relieve territorial y social de Verón-Punta Cana, llama a ser transformado, a redefinir el panorama estético, e imponer el orden en el territorio, de forma que seamos garantes para el turismo y los inversionistas privados, en donde los controles y las regulaciones en las construcciones sean el norte de las autoridades locales, que cumplan con su rol público de reglamentar, pero como lucen hoy los espacios físicos y sociales, revelan falta de voluntad política como de visión urbanística para que florezca la sana convivencia entre los actores de la sociedad y el territorio.
En fin, la actitud diacrítica como afligida exhibida por el representante de la Junta Distrital, prueban autocompasión y carencia de las habilidades para imponer la constitución y las leyes como herramientas eficaces, ante la falta de un medio de intervención territorial que mejore nuestra realidad urbanística y social.