EN BUEN SENTIDO / La humildad el oxígeno de los políticos

Antonio Corcino.

Antonio Corcino / [email protected]

La humildad es el aliciente de los políticos en el poder, para evitar desmesura psicológica en contra de la sociedad.
El doctor Vicente Vargas, pasado presidente de la Sociedad Dominicana de Psiquiatría, estima que entre 30 % y 40 % de la población dominicana necesita atención psiquiátrica, en donde los políticos en el gobierno podrían ser parte de esa realidad.
Es probable que como humano hayan estado expuesto, de manera directa o indirecta, “a los altos índices de violencia, a muertes en accidentes de tránsito, homicidios, divorcios, entre otros”, expresó el psiquiatra en la Mesa de Estudio sobre Migraciones y Salud Mental.
Quienes nos gobiernan son seres humanos comunes, que oscilan entre lo sublime y lo grotesco, respirando el mismo aire tóxico de problemas ligados a la crisis sistémico-estructural, sujetos a sentir y padecer trastornos mentales, como el “síndromes de hybris” o enfermedad del poder, estrés y otros causantes biológicos, sociales y psicológicos, que constituyen detonantes en quienes ejercen la política, como comportamientos desmesurados, impulsos irracionales y desequilibrios, que como servidores públicos que se relacionan con la ciudadanía, podrían afectar su bienestar con acciones y decisiones para autovanagloriarse y querer perpetuarse en el poder.
Siendo parte de los 10 millones de habitantes que conforman el país, como dirigente de la nación, en la provincia o municipio, los políticos pueden padecer cuestiones psicopatológicas antes o durante el ejercicio del poder, lo que de alguna manera nos golpea con sus obstinaciones, ya que por la naturaleza del poder que ofusca, aturde y marea, paralelamente, reproduce desastres políticos, económicos y sociales. ¿Cuántos de nuestros males sociales de hoy son atribuidos a esos comportamientos?
Por tanto, las enfermedades psicológicas de los políticos en el gobierno, los conduce a la megalomanía y la imprudencia, como al querer extender su influencia política y social, utilizando los recursos del Estado para sus desvaríos; en formas de leyes, decretos y resoluciones y aprovechar el presupuesto para sus caprichos, embriagándose de privilegios e irresponsablemente creyéndose en dioses.