ALGO MÁS QUE PALABRAS / Drogas y armas; el gran peligro actual

Víctor Corcoba Herrero.
Víctor Corcoba Herrero.

Víctor Corcoba Herrero[email protected]

Cada día la humanidad cosecha más y nuevos peligros. Si las drogas ilícitas continúan siendo un efervescente riesgo para la salud de los humanos, también la multitud de violencias y conflictos nos están dejando sin aire para poder vivir.

Nos lo recordaba hace unos días, Stephen O´Brien, coordinador humanitario de Naciones Unidas, al evaluar el devastador impacto de seis años de conflicto en Siria, afirmando que la expectativa de vida en ese país había descendido veinte años.

De nada sirven los avances científicos y tecnológicos, si luego el clima generado entre nosotros es destructivo. Tanto las armas como las drogas deben seguir estando controladas.

Y en este sentido, mal que nos pese, todos, sin exclusión alguna, tenemos un papel que desempeñar para protegernos, sobre todo a los más jóvenes y personas vulnerables, de las sustancias peligrosas, pero también de las atmósferas de odios y venganzas que sólo conducen a aprovecharnos, en cualquier momento, para perjudicar a los demás.

Hoy por hoy, la necedad nos puede, y así, fabricamos más armas que nunca, o mostramos nuestra indiferencia ante unas alarmantes estadísticas, que nos muestran que cada año mueren por sobredosis vidas humanas que podrían haberse prevenido y salvado.

Drogas y armas son el gran peligro actual. Lo sabemos pero hacemos bien poco para que cesen. Hay una estrecha relación entre las sustancias ilícitas y la violencia, la corrupción y el terrorismo, entre los traficantes de drogas y las redes delictivas involucradas en el contrabando de todo tipo de artefactos, los secuestros, la trata de personas y otros delitos.

Es cierto que ningún país puede actuar por sí mismo, tampoco ninguna persona por sí misma puede ganar la batalla, pero es cuestión de unidad, de que todos participemos en darnos una vida, con otros ambientes más regenerados, menos corrompidos. Por ello, entiendo que hay que poner en valor la grandeza de toda existencia humana, desde su inicio hasta su término. Por desgracia, este alarmante panorama, en lugar de disminuir, va creciendo, y lo peor es que nos vamos acostumbrando a convivir con agresores que te despojan hasta de la misma dignidad humana.