ALGO MÁS QUE PALABRAS / Custodiemos la vida y dejemos vivirla

Víctor Corcoba Herrero.

Víctor Corcoba Herrero

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La vida no se ha hecho para malgastarla, sino para administrarla y protegerla. Ha llegado el momento de que gestionemos juntos aquello que nos pertenece por igual.

Y en este sentido, debido a las potestades que le confieren la Carta y su singular carácter internacional, las Naciones Unidas, han de tomar medidas sobre los problemas que enfrenta la humanidad en el siglo actual, tales como la paz y la seguridad, el cambio climático, el desarrollo sostenible, los derechos humanos, el desarme, el terrorismo, las emergencias humanitarias y de salud, la igualdad de género, la gobernanza democrática, la producción de alimentos, entre otros asuntos.

Ténganse en cuenta que también facilita el diálogo tan necesario para que los gobiernos puedan hallar puntos de encuentros y ámbitos de acuerdo, a través de sus foros en la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social, u otros órganos y comisiones. Por otra parte, confiemos en que la Agenda 2030 se acerque a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que considero vital que el mundo se hermane, y no puede hacerlo si no es con una globalización del mundo más justa.

Sabemos que cualquier adelanto que se evalúe de ser progreso, lo será en la medida que sea inclusivo y sostenible. De lo contrario, seguirá cohabitando la desigualdad entre conflictos, de una parte los moradores privilegiados frente a otros que permanecerán ignorados.

Está visto, que el recurso a las armas para dirimir las controversias ya no sirve, la custodia de toda vida requiere de otros lenguajes más puros, más del alma y de la donación, ya que comienza con la autosatisfacción de cada ser humano. Igualmente, la Unión Europea o la misma Unión Africana, son esenciales para hacer frente a los impresionantes retos que hoy nos amenazan a todo el planeta.

Lo mismo sucede con América Latina, el Caribe y la Zona Euro. Lo importante de todas estas organizaciones internacionales es que permitan a los países unirse y reunirse, reflexionar conjuntamente, sobre algo tan vital e histórico, como vivir y dejar vivir. Lo verdaderamente cruel es que en lugar de construir sociedades cohesionadas, edifiquemos familias divididas.

Solo haciéndonos piña podremos aminorar las tensiones entre nosotros y recobrar esa unidad que todos nos merecemos. Sentirnos acogidos es lo que realmente nos inspira ese espíritu conciliador, de ponernos en acción todos a una, para caminar reagrupados, sin exclusión alguna.