ALGO MÁS QUE PALABRAS / Apuesta por una nueva cultura del valor

Víctor Corcoba Herrero.

Víctor Corcoba Herrero / [email protected]

Soy de los que piensa que tenemos la obligación de contribuir a dar vida a una cultura más preventiva y compasiva, más de acción con el desarrollo sostenible y los derechos humanos, que de reacción a determinadas crisis, a fin de evitar conflictos inútiles o estúpidas contiendas.

Nos conviene, por tanto, reflexionar en su conjunto, no descuidar o minimizar los grandes principios humanistas de la ética social, como la honestidad y responsabilidad, para poder avanzar en esa nueva visión de espíritu demócrata, de mestizaje y solidaridad global y común, para el ejercicio contundente de la paz y la seguridad.

Desde luego, una de las pobrezas más hondas que cualquier ser humano puede experimentar en el momento presente, es verse incomprendido, marginado y solo. No podemos empobrecer a unos a cuenta del derroche de otros. Ojalá hubiese pronto una manera de gobernarse mundialmente, cuando menos para impedir las desigualdades y los desequilibrios, para lograr un oportuno desarme integral.

Es hora de despojarnos de endiosamientos absurdos, de reforzar la alianza entre el ser humano y el medio ambiente. No podemos correr el riesgo de ser considerados como un producto más. Tenemos que escucharnos más, tener el valor de observarnos, de reconocernos parte de esta sociedad, tantas veces bochornosa y mísera.

Al hacer oídos sordos, o permanecer en la ofuscación de no querer ver la realidad, lo que estamos desconociendo es el reclamo de la verdad moral. Lo decía hace unos días el director general de la Organización Internacional para las Migraciones William Lacy Swing: “En 2016 han sido más de cinco mil inmigrantes los que murieron tratando de alcanzar la seguridad en Europa”.

Ahora nos llama a prestar especial atención a los 15.500 inmigrantes y solicitantes de asilo alojados en campamentos en las islas griegas, donde el invierno es inclemente, y a los 6.000 refugiados sirios en asentamientos en Turquía que no cuentan con calefacción.

La situación no es distinta en Serbia donde 7.500 personas están atrapadas sin nada que las proteja de las bajas temperaturas. Detrás de todos estos datos hay vidas latiendo, intentando sobrevivir, por lo que es imperativo que el mundo responda, con valentía, a los peligros expuestos por estas condiciones climáticas extremas con ayuda alimentaria, refugio y otros recursos a corto y largo plazo.